Archivo para Julio 2007
Justo hoy
A las 7:06 de la mañana.
Primer intento:
- “Buenas mi joven, ¿para dónde va?
- “Buen día, carrera 11 con 93″
- “Uy no mi joven, eso por allá está grave, hay bloqueo de taxistas, por la 85 … en varias partes, qué pena, ‘ta luego”.
Segundo intento:
- “¿Dónde va?”
- “Carrera 11 con 93″
- “Ahhh, yo pensé que iba de pronto por aquí por la 100 pa’ abajo. A mí me toca ir a guardar el carro.”
Tercer intento:
- “Siga, buenos días”
- “Buen día, a la carrera 11 con 93 por favor”
- “Carrera 11 … ¿con 93 dice?, la 11 va hacia el sur, entonces vámonos por acá …”
Recorriendo la calle 80, no se vió un solo bus rojo de TransMilenio, y el tráfico de carros estaba suave.
Durante el recorrido suena el celular del conductor:
“Aló?, quiubo, no si … ehhh por acá en la 15 con … con 94, voy con pasajero. Por ahora no pero yo se que en la 85 con 15 hay bloqueo. Lo importante es no quedarme encerrado por acá. … Ah bueno entonces dejo al señor y lo voy a guardar. Cualquier cosa le echo un timbrazo.” (Era la dueña del carro).
En todo caso, llegué a tiempo al destino. Luego tocó caminar un buen rato. La diferencia es que ya no no tenía afán.
Problemas de presión
Y resulta que cuando llevaba pocos meses en el famoso servicio militar, tenía que jurar ante la tricolor bandera, defender con mi vida, si ello fuere necesario, el honor de la patria. Bueno era algo parecido el contenido del juramento pero realmente ya no me acuerdo. En todo caso, con mi mamá angustiada por no haberme visto en tanto tiempo, y yo angustiado por no haber visto al mundo en igual periodo, y ante los 12 días de permiso que seguían a la ceremonia, mi papá muy comprensivo armó viaje para Bogotá, con mamá y abuelo a bordo. Y claro, el viaje fue en avión.
Y luego de la ceremonia, un vuelo en un Douglas DC 9-15 de Intercontinental de Aviación debía llevarnos a los 4 de Bogotá a Pasto, con escala en Cali, en algo más de 1 hora. Si bien salimos de El Dorado a las 6 de la mañana, llegamos a Pasto a las 5 de la tarde.
Unos pocos minutos después de que una auxiliar anunciara que comenzaba el descenso hacia Cali, habló el capitán del avión: “Tenemos problemas con la presurización de la nave y en Cali no podría ser solucionada, lo que nos obliga a regresar a Bogotá”. Acto seguido, un aumento en la potencia de los motores, actitud de ascenso, y media vuelta mar a Bogotá. Mi abuelo sí alcanzó a quejarse de ciertas molestias en el oido y mi mamá anunció dolor de cabeza. Yo no despegaba la vista de la ventana y la verdad, ni cuenta. Muy diligentes, las personas de Intercontinental reconocieron un dinero para costear el almuerzo y la espera hasta las 4 de la tarde cuando se reaundaría el vuelo, en otro avión. Al final aterrizamos en Pasto a eso de las 5:15 de la tarde, sin mayor contratiempo.
Lo que remató con moño todo el episodio fue la frase de mi abuelo, que por primera vez volaba y que nunca lo ha vuelto a hacer: “Al menos nos dimos otra vueltica”. ¡Esa es la actitud!
Hoy la aerolínea ya no existe y los aviones, no se si aún vuelan. Y si lo hacen, llevan a bordo más de 20 años de trabajo.
Selva Colombia
Domingo 27 de julio de 1.997. De un total de doscientos y tantos pelaos, 110 iríamos en el primer vuelo. Al ver otros muchos pelaos esparcidos por el pequeño aeropuerto, esperando también por un avión, asumimos que la espera sería larga. La genta miraba con extrañeza a tantos muchachos. Hasta caras de pena se veían.
Cerca de las 10 de la mañana aterrizó un avión. Los que más habían esperado empezaron a reunirse, pero una voz pronto los desanimó en su empeño. Luego, nos llamaron a embarcar, a nosotros que recién habíamos llegado. 110 almas se acomodaron como pudieron en el interior del aparato, improvisando asiento en el piso y en unas como bancas laterales. Luego de unos 75 ruidosos minutos, pudimos estirar piernas en la parte de atrás de un camión que nos recogió en Catam y que nos llevaría hacia nuestro nuevo hogar, por los próximos 12 meses.
Así fue mi primer vuelo en avión, entre Pasto y Bogotá, rumbo al servicio militar, en un avión ruso, viejo, de carga y con sobrecupo. Menos mal el clima colaboró, porque el aeropuerto de origen tiene fama de recibir con mucho viento, o niebla, o ambas, a las aeronaves que lo visitan. En todo caso fue una experiencia divertida. También irrepetible, aunque dio al traste con la idea de subirse en un Hércules. Dudo que muchos puedan contar entre las aerolíneas utilizadas a Selva Colombia. Se preguntará alguno, cómo caben 110 personas en ese avión, y digo sin vacilar que también me pregunto lo mismo.
Actualización: Encontré esta otra foto. Así más o menos se ve el avión por dentro, y ahí fueron los 110.


